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Alimentación como prevención para el cáncer

L.N. Keiko Tokunaga

Una pregunta muy común en la consulta es ¿qué puedo hacer para prevenir el cáncer? ó ¿cómo evito una recaída?. Lo más interesante, es que la mayoría de las veces que esto sucede, las personas ya vienen con una supuesta respuesta “a mí me dijeron…”, “el primo de un amigo…”, “leí en internet que…”, y así puedo mencionar varias. Ojo, esto no quiere decir que todo lo que escuchan es una farsa, pero tampoco no todo es verdad,  se tiene que tener suficiente criterio y evidencia científica para hacer cualquier tipo de recomendación que implique un efecto directo en la salud de las personas.

Volviendo a la pregunta, ¿qué puedo hacer para prevenir el cáncer?, la respuesta es muy sencilla, pero conlleva mucha responsabilidad: no te preocupes, ocúpate. No hay que dejar que se presente la enfermedad para tratarla. Ahora bien, sabemos que el cáncer es una enfermedad multifactorial, esto significa que no solo se presenta por una sola causa, sino el cúmulo de varias. Por mencionar algunas:

¿Sabías qué? El factor hereditario corresponde solo el 5-10%, esto significa, que si un familiar tuyo tuvo cáncer, no necesariamente uno lo tiene que presentar, sí, aumenta las probabilidades, pero solo un 5%. Por otro lado, hay factores de riesgo que sí podemos modificar y tienen un peso mayor para provocar que se presente esta enfermedad. Algunos ejemplos son el tabaquismo. Fumar aumenta un 25-30% las probabilidades de desarrollar cáncer.  Tomar alcohol diario aumenta un 4-6% las probabilidades, esto sin mencionar las otras comorbilidades hepáticas que se puede presentar si se abusa su consumo.  Ser obeso aumenta otro 10-20% y la dieta y hábitos alimenticios impacta con un 30-35%.

¿Qué pasaría si modificáramos varios de estos factores? Es simple matemática, volvemos a un 5-10% de probabilidades que no podemos modificar y disminuimos nuestro riesgo a desarrollar un cáncer.

Es por esto que una herramienta eficaz y preventiva para el cáncer es la modificación de nuestros hábitos alimenticios. Claro, siempre todas las pautas recomendadas de cuidado personal: 1) autoexplorarse, nadie te conoce mejor que tú y pon atención al más mínimo cambio en tu cuerpo, 2) asiste a tu chequeo semestral, cuando una enfermedad se hace evidente clínicamente, los laboratorios y/o estudios pueden confirmar algún posible diagnóstico; no obstante, si cambiamos el orden y evidenciamos primero los laboratorios y/o estudios, antes de presentar sintomatología, el flujo de tratamiento y el pronóstico tendrían una mejor panorámica.

Ahora bien, ¿qué modificaciones podemos hacer en nuestra alimentación?, que impacten directamente en la disminución del riesgo de cáncer. No hay una fórmula elixir, un veneno de animal, una dieta estándar, no hay una semilla brasileña milagrosa que solo con su consumo sea suficiente, o una pastilla curativa que prometa exentarte de esa enfermedad. La manera de causar un mayor impacto es ir adaptando ciertos hábitos que son tan importantes como lavarse los dientes en la mañana. Vamos a mencionar los más importantes y su sustento:

 

 

Nutrición Oncológica

1. Aumentar el consumo de frutas y verduras. Son dos armas poderosas las que tienen estos alimentos para contribuir a la prevención: fuente rica de antioxidantes y fibra. Primero, hablemos de los antioxidantes. Cuando el cuerpo se encuentra en una inflamación crónica, ya sea por cualquiera de los factores de riesgo antes mencionados, genera reactivos (ROS) que atacan al ADN de nuestras células y lo modifican, esto puede provocar que se formen células malignas y asi la producción de un tumor a lo largo. Los antioxidantes son sustancias endógenas (que las genera nuestro cuerpo) o exógenas (que las adquirimos con la alimentación), que ayudan a secuestrar estos reactivos (ROS), evitando que ataquen al ADN y protegiendo nuestra producción celular. Segundo, la cantidad de fibra que podemos obtener con estos alimentos. La fibra se encuentra predominantemente en la cáscara de las frutas y verduras. Ayuda a disminuir el tiempo del tránsito intestinal, diluye el bolo fecal y así disminuye la exposición carcinogénicos exógenos. Y una posible adherencia de estos. ¿Qué frutas o verduras?  Todas aportan diferentes antioxidantes, minerales y vitaminas, algo que puede ayudar es guiarse en los colores. Cada antioxidante pinta un color, mientras más colores tenga el plato, más propiedades estoy obteniendo de los mismos.

 

2. Evitar consumo de azúcares. “El azúcar alimenta al cáncer”, es algo que hoy en día se promueve mucho. Primero hay que entender que cualquier célula se alimenta de azúcar, no solo el  cáncer, entonces no podemos privar la fuente de alimentación de todas las células. Lo que sí es un hecho, es que el exceso de consumo de azúcar (a parte de todos los riesgos cardiovasculares que ya conocemos) pueden provocar dos cosas: 1) nuestro cuerpo transforma el exceso de azúcar en grasa para almacenarla favoreciendo a la obesidad y 2) promueve una inflamación crónica en el cuerpo. Ahora bien, ambos factores generan sustancias como toxinas o factores de crecimiento (IGF) que favorecen al desarrollo de cáncer.

 

3. Consumir la cantidad necesaria de agua. Existen muchas fórmulas para dar con la cantidad necesaria de agua que tenemos que tomar al día. Algo que uso mucho en consulta y te puede ayudar es multiplicar tu peso (kg) por 30-40ml. El agua ayuda a barrer con todos los carcinogénicos que consumimos en el día. No muchas veces nos damos cuenta, o cuidamos el más mínimo detalle en la dieta, pero una sobrecocción de un alimento puede dejar sustancias que nuestro cuerpo no digiere. Entonces la fibra y el agua nos van a ayudar a eliminarlo. Aunado también que disminuye el estreñimiento, favorece la digestión y mantiene al cuerpo correctamente hidratado.

 

4. Preferir consumo de carnes magras. Hay una relación directa entre el consumo de carnes rojas y el riesgo de ciertos tipos de cáncer, esto debido a las grasas saturadas que tienen y el contenido de nitrosaminas, sustancias carcinogénicas que favorecen el desarrollo de la enfermedad. Es importante el consumo de alimentos de origen animal por el alto aporte protéico, esencial para que nuestros órganos cumplan sus funciones. Sin embargo, hay que saber identificar la mejor fuente de proteína para nosotros. Es cierto que las verduras, leguminosas y oleaginosas aportan proteína vegetal, pero muchas veces la cantidad no es suficiente y se tiene que suplementar. Por otro lado, las carnes magras como el pescado, salmón, atún tienen un alto contenido protéico y un alto contenido en grasas esenciales como el Omega-3, que ayuda a disminuir la inflamación crónica en el cuerpo.

 

5. Incorporar alimentos protectores. Como mencionamos anteriormente, los alimentos aportan innumerables propiedades benéficas para el cuerpo. Los antioxidantes, no solo vienen de las frutas y verduras, sino de diferentes fuentes como: oleaginosas, que aportan Omega-3 y Vitamina E, y se ha visto que ayudan a disminuir el cáncer de tipo hormonal; la cúrcuma que sirve como anti-inflamatorio y disminuye la producción de toxinas; el té verde que se ha evidenciado una directa relación en la disminución del riesgo de cáncer de mama, debido a las catequinas que tiene. Otros alimentos como la pimienta cayenne, el cacao y el frijol, también cumplen un rol importante en la prevención del cáncer. Recuerda que el alimento por sí solo no es la panacea, se tiene que acompañar con todas estas pautas para generar un mayor impacto.

 

6. Hacer ejercicio. La actividad física ayuda a mantener el peso o reducir el peso, dependiendo la intensidad y necesidad. Y una persona en peso adecuado tiene menos riesgos de presentar enfermedades crónico-degenerativas. Existen tres formas para sacar toxinas dentro de nuestro cuerpo: por medio de la respiración, en los desechos y por último la traspiración. No conlleva mucha ciencia, hay que sudar esas calorías de más. Como beneficio a este hábito, el hacer ejercicio no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que estimula la producción de endorfinas en el cuerpo, que sirven para darnos placer. Un cuerpo y una mente positiva, es más difícil de enfermarse.

Si comer saludable es caro, enfermarse es muchísimo más.

 

 

Referencias:

• Davis CD, Milner JA. Biomarkers for diet and cancer prevention research: potentials and challenges. Acta Pharmacologica Sinica2007 Vol: 28 Nro: 9 Págs: 1262-1273

• Chandel NS, Tuveson DA. The Promise and Perils of Antioxidants for Cancer Patients. The New England Journal of Medicine2014 Vol: 371 Nro: 2 Págs: 177-178

• Omran AR. The Epidemiologic Transition: A Theory of the Epidemiology of Population Change. Milbank Q. 2005 Dec; 83(4): 731–757.

• Campos FG, et al. Diet and colorectal cancer: current evidence for etiology and prevention. Nutr. Hosp. (2005) XX (1) 18-25.

• Aune D, Chan D, et al. Dietary fiber and breast cancer risk: a systematic review and metha-analysis of prospective studies. Annals of Oncology 23: 1394-1402, 2012.

• Patel PB, et al. Cellular Effect of Curcumin and Citral Combination on Breast Cancer Cells: Induction of Apoptosis and Cell Cycle Arrest. Journal of Breast Cancer 2015 Vol: 18 Nro: 3 Págs: 225-34

 

 

 

 

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