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PSICOONCOLOGÍA: UN MODELO DE INTERVENCIÓN Y APOYO PSICOSOCIAL

PSYCHO-ONCOLOGY: A PSYCHOSOCIAL SUPPORT AND INTERVENTION MODEL

RESUMEN

Hoy en día nos enfrentamos a un mundo con un desarrollo

tecnológico cada vez más cambiante y avanzado, lo cual, en

el ámbito oncológico, implica investigaciones y terapias cada

vez más avanzadas, observándose una evolución constante

 

en el manejo y control sintomático de la enfermedad onco-

lógica. Esto supone mayor frecuencia de pacientes que viven

 

efectos del cáncer a corto, mediano y largo plazo que invo-

lucran procesos de adaptación permanentes. Ya a mediados

 

del siglo pasado comienza a emerger la sub especialidad on-

cológica de psicooncología a favor del ajuste psicosocial del

 

paciente oncológico a la enfermedad y sus diversos efectos.

El cáncer implica un impacto que trasciende la conmoción fí-

 

sica, implica también un proceso emocional que involucra as-

pectos personales, familiares y ambientales de la persona, lo

 

que nos hace tener una mirada biopsicosocial de este tema.

Se genera un clima afectivo complejo de cuestionamientos y

 

cambios profundos en los diversos contextos donde se inser-

ta el paciente. Ante una pérdida tan importante como lo es

 

la salud y todo lo que eso implica, la persona experimenta la

 

vivencia de un duelo oncológico, un cierto modo de aborda-

je y afrontamiento en la persona y su entorno.

 

La vivencia de distress en el proceso de la enfermedad puede

generar efectos negativos para la salud general y la calidad

 

de vida del paciente. Además existen trastornos psiquiátri-

cos más prevalentes en la población oncológica en contraste

 

con la población normal, lo que habla de una vulnerabilidad

 

psíquica que requiere consideración y adecuación a las ne-

cesidades emocionales del paciente por parte del equipo de

 

salud.

 

En el presente artículo se presenta un modelo de interven-

ción respaldando los aspectos emocionales revisados que

 

implica la enfermedad oncológica. Se manifiesta la relevan-

cia de un patrón de evaluación general para los pacientes, la

 

estructura de un apoyo emocional necesario y las interven-

ciones requeridas.

 

Palabras clave: Psicooncología, apoyo emocional, Modelo de

Intervención, duelo oncológico, Intervención psicosocial.

 

SUMMARY

Nowadays we face a world with a technologic environment

changing and advancing constantly, which, in the oncologic

scope, implies more advanced investigations and therapies,

observing a constant evolution in the management and

symptomatic control of the oncologic illness. This scenario

implies a higher frequency of patients who suffer its

consequences within a short, medium or long time limit,

involving permanent adaptation processes. It was already by the

mid of the past century that the Psycho-oncology subspecialty

arises so as to ameliorate the pshycosocial adjustment the

oncologic person has to suffer from its multiple effects.

HISTORIA DE LA PSICOONCOLOGÍA

En un comienzo, en el 1800, el diagnóstico de cáncer se asociaba a

 

muerte. Como no había ninguna causa conocida o cura para esta en-

fermedad, en muchos casos se atribuía a una posesión demoníaca. Y se

 

consideraba cruel e inhumano revelar el diagnóstico al paciente ya que

éste podía perder toda esperanza, por lo que se informaba únicamente

a la familia (1).

En el mismo tiempo se fundó el Memorial Sloan-Kettering Cancer

Center como primer centro privado oncológico, en el cual se buscaba

también un esfuerzo por hacer investigación para comienzos de 1900.

Luego, en 1937 se creó el Instituto Nacional del Cáncer en EE.UU., como

el primero de los Institutos Nacionales de Salud (1).

En 1948, Faber informó los primeros casos de remisiones temporales

 

de leucemia aguda infantil con aminopterina, seguidas por las res-

puestas iniciales de la enfermedad de Hodgkin con la mostaza de

 

nitrógeno. A partir de esto, comenzó una búsqueda activa de nuevos

 

fármacos quimioterapéuticos, logrando la primera cura con quimiote-

rapia en la década de 1950. Así se fue agregando quimioterapia en

 

combinación con cirugía y radioterapia como tratamiento del cáncer.

Con estos nuevos tratamientos, se empezó a reducir el pesimismo

y a estimular un nuevo interés sobre los efectos a largo plazo del

cáncer (1).

Por otra parte y en relación a lo anterior, se inició un despertar en las

 

preocupaciones acerca de la importancia de que los pacientes fueran ca-

paces de dar su consentimiento informado para el tratamiento, ocurrien-

do esto necesariamente en el contexto de un diálogo abierto médico-

paciente sobre el diagnóstico y las opciones de tratamiento (1).

 

Durante estos años, el único apoyo psicológico formal para pacientes con

 

cáncer era a través de grupos de apoyo con otros pacientes que ya ha-

bían pasado por las mismas o similares situaciones. Un ejemplo de esto,

 

fueron los primeros grupos o clubes de ostomía y luego los programas

de mujeres que habían sufrido una mastectomía, que visitaban a otras

 

 

mujeres en sus período post operatorio. Luego los trabajadores socia-

les junto a las enfermeras fueron los primeros en atender los problemas

 

psicológicos y sociales de los pacientes con cáncer y sus familias. Ellos

han sido la primera línea en la atención clínica y en las investigaciones

importantes en psicooncología (1).

 

Desde 1950, varios estudios prospectivos se pusieron a examinar la res-

puesta psicológica de los pacientes hospitalizados por cáncer. Y en 1955

 

el grupo psiquiátrico del Hospital General de Massachusetts bajo la di-

rección de Finesinger y el grupo de investigación psiquiátrica en el Centro

 

de Cáncer Memorial Sloan-Kettering, realizaron los primeros informes de

adaptación psicológica al cáncer y su tratamiento. Por otra parte, estos

 

grupos comenzaron a forjar lazos clínicos y de investigación con ciruja-

nos, radioterapeutas y oncólogos, estableciendo así los primeros elemen-

tos de lo que más tarde se llamó Psico-oncología (1).

 

Otro factor que produjo el aumento del interés por los problemas psi-

cológicos en relación al cáncer, fue la obra de la psiquiatra Elizabeth

 

Kûbler-Ross en la década de 1960, quien desafío el tabú de hablar con

los pacientes de cáncer respecto de su muerte inminente y desafió a

los médicos y enfermeras a que dejaran de evitar a estos pacientes y

escucharan sus preocupaciones (1).

La especialidad de psicooncología se inició formalmente a mediados de

1970, cuando la barrera para revelar el diagnóstico se cayó y se hizo

posible hablar con los pacientes respecto de éste y de las implicancias

del cáncer para sus vidas (1).

Luego comienza a abrirse un campo de investigación muy amplio en

 

relación a las reacciones de los pacientes oncológicos. Estas inves-

tigaciones incluyen lo que es la adaptación a la enfermedad, a las

 

intervenciones médicas que deben realizarse, las intervenciones psico-

lógicas en la prevención y en los procesos de adaptación del enfermo

 

al cáncer, la investigación de las variables inmunológicas y neuroen-

docrinas que median en los procesos de aparición de la enfermedad,

hasta los cuidados paliativos, los problemas psicofarmacológios y los

dilemas éticos (2).

 

Así comienza a desarrollarse la disciplina que hoy llamamos Psicooncolo-

gía, para que finalmente logre constituirse como área independiente en

 

las últimas tres décadas. Esto se debe, principalmente, a que los pacien-

tes que son diagnosticados y reciben tratamiento oncológico plantean

 

problemas que implican dificultades cognitivas, emocionales, motivacio-

nales y de comunicación, que no son subsanables únicamente desde un

 

punto de vista médico (3).

 

Finalmente se definió la psicooncología según Holland, como una sub-

especialidad de la oncología, que por una parte atiende las respuestas

 

emocionales de los pacientes en todos los estadios de la enfermedad, de

 

sus familiares y del personal sanitario que les atiende (enfoque psicoso-

cial); y que por otra parte, se encarga del estudio de los factores psicoló-

 

gicos, conductuales y sociales que influyen en la morbilidad y mortalidad

del cáncer (enfoque biopsicológico) (4).

 

La Dra. Holland se considera como la fundadora de la la psicoonco-

logía. Ya en los años setenta definió los aspectos psicológicos y psi-

quiátricos, sociales y de comportamiento del cáncer. En 1977 creó la

 

primera unidad de psicooncología del mundo y luego el primer comité

de psicooncología como parte de ensayos clínicos subvencionados por

el National Cancer Institute de EE.UU. En 1984 fundó la Sociedad

Internacional de Psicooncología (IPOS) con el ánimo de crear una red

de conexiones a nivel internacional con los interesados en el tema de

la psicooncología (5).

Cabe destacar que junto con el IPOS han surgido otra serie de sociedades

y grupos de trabajo, como el Grupo Británico del Royal Mardsen Hospital,

el European Organization for Research and Treatment of Cancer (EORTC)

y en 1997 la Sociedad Española de Psicooncología (SEPO) (3).

En un comienzo la psicooncología se enfocaba casi exclusivamente en

el paciente con tratamiento oncológico activo, pero hoy en día se ha ido

expandiendo y abarcando la prevención, riesgo genético, aspectos de

supervivencia y adaptación a largo plazo, además del cuidado clínico y el

manejo comunicacional médico-paciente (6).

PROCESO PSICOONCOLÓGICO DEL PACIENTE CON CÁNCER

El cáncer se ha convertido en una enfermedad crónica que cultural e

históricamente se relaciona con dolor y muerte. Debido a esto, y a lo

 

compleja que es la enfermedad y su tratamiento, el momento del diag-

nóstico resulta un fuerte impacto a nivel emocional para el paciente y

 

su familia, por lo que en general toma tiempo que la persona asimile y

 

acepte la situación que está viviendo y se someta al tratamiento suge-

rido por el médico. Como se mencionó anteriormente, esta enfermedad

 

repercute no sólo en la persona que ha sido diagnosticada sino que en

todo su entorno familiar, social y también laboral, independiente del tipo

de cáncer que padezca.

 

Cuando alguien es diagnosticado de cáncer, generalmente lo primero

que se le viene a la mente es la posibilidad de morir, tema que hasta

antes del diagnóstico nunca se había planteado. Luego la mayoría de

las veces escuchamos ¿Por qué a mí? ¿Qué hice para que me sucediera

esto? Algunos y no pocos, se preguntan qué hicieron mal o qué no

hicieron, pensando en que ellos mismos se causaron el cáncer. Muchos

 

llegan con cuestionamientos respecto de situaciones traumáticas y es-

tresantes, penas y dificultades importantes vividas en el pasado y otras

 

que están presentes en sus vidas, que puedan haber influido para que

se les generara el cáncer. Esto a la vez lo podemos entender como una

búsqueda por sentir el control de que si el cáncer fue generado por

uno mismo de forma inconsciente, también uno mismo es quien puede

revertir la situación.

Es probable que el cáncer sea una de las experiencias más difíciles que

uno pudiera llegar a vivir, por la multiplicidad de factores que involucra

y por lo mismo no existe un modo determinado de cómo enfrentarlo.

 

Llega abruptamente a cambiar muchos de los aspectos de la vida y ru-

tina cotidiana, tanto del paciente como de su familia y de su entorno

 

más cercano. Las reacciones que se pueden observar; como el shock del

primer momento, donde no logra entender la situación que está viviendo,

el quedarse paralizado, el sentirse angustiado, incrédulo, desesperanzado

 

entre otros muchos pensamientos y sentimientos son comunes y conside-

rados parte de un proceso de adaptación normal.

 

Dentro del transcurso de la enfermedad oncológica, el paciente vive un

proceso de duelo inevitable, entendiendo el duelo como el proceso de

adaptación ante una serie de pérdidas, no sólo referentes a la salud, sino

 

también, relacionadas con la pérdida de la estabilidad y seguridad, pér-

dida de la rutina y de lo cotidiano, pérdida del rol que solía tener dentro

 

de la familia, el mundo laboral o social, pérdida del control, entre otras.

Se ha observado y por eso es importante destacarlo, que la pérdida de

control, puede llegar a ser una de las pérdidas más desestabilizantes y

desestructurantes en el ser humano.

Este llamado duelo oncológico es un proceso normal, sano, adaptativo

 

y necesario, que se caracteriza por un primer período donde puede apa-

recer una sensación o estado de aturdimiento y negación. Aquí es común

 

escuchar “esto no puede estar sucediéndome a mí” “se deben haber

equivocado”. Muchos buscan segundas opiniones esperando que haya

un error y que el diagnóstico esté errado, anhelando que no sea más que

un “mal y terrible” sueño.

En todo este proceso, hay momentos que se viven más intensamente.

Momentos como al comienzo del tratamiento, el cual se caracteriza por

mucho miedo, temor e incertidumbre, lo que en algunos casos es

vivido como verdadero terror, llegando incluso en algunas ocasiones a

ser paralizante. El temor como se menciona, es una de las emociones que

acompañan por lo general durante todo el tratamiento e incluso más allá

 

de este. Temor a los efectos secundarios, a las reacciones familiares, so-

ciales y laborales, a los cambios en la vida sexual, al enfrentar los propios

 

miedos, a la pérdida o cambio en la identidad personal y corporal, al no

saber con certeza qué va a ocurrir con la propia existencia e incluso a la

posibilidad de recaer una vez terminado el tratamiento.

 

No es raro también que la persona con cáncer esté más lábil emocio-

nalmente, lo cual se traduce en pena, tristeza y en cambios a nivel

 

emocional. Esto se puede acompañar de ansiedad, angustia, sensación

de indefensión y desesperanza, lo que muchas veces se confunde con

una depresión clínica.

Muchas veces el paciente con cáncer puede sentir rabia, ira y enojo,

además de la sensación de estar solo en esto. Se puede observar una

 

tendencia al aislamiento en un entorno de mucha incertidumbre e inse-

guridad. Y no es extraño escuchar de parte de los familiares del paciente,

 

que éste se muestra muy irritable. Estas últimas, son manifestaciones de

la rabia y frustración que produce el estar bajo la presión que implica

tener una enfermedad crónica y tan compleja como el cáncer.

 

Finalmente, hay un momento en el que idealmente, el paciente asu-

me y acepta la enfermedad. Esto puede darse durante el tratamiento,

 

pero siempre se debe tener presente que las etapas van y vienen, por

lo que es esperable que pueda generarse una regresión a los temores o

sentimientos presentado en etapas más iniciales del proceso. A medida

que la persona empieza a sentirse más segura, calmada, tranquila y va

conociendo los procesos implicados en el tratamiento, las reacciones de

su cuerpo frente a los medicamentos y al mismo tiempo, va derribando

muchos de los mitos que rodean el diagnóstico de cáncer, le resulta más

factible el poder adaptarse al tratamiento y a la enfermedad.

INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL

Una visión integral del paciente oncológico supone con cada vez mayor

certeza incluir el factor psicológico como aspecto relevante en el fenó-

meno de la enfermedad. La enfermedad oncológica trasciende el aspecto

somático volviéndose fundamental en la vivencia de la vida y la muerte

los aspectos emocionales asociados (7).

 

El rescate de los aspectos psicológicos en el abordaje del paciente onco-

lógico pone de relieve el distress que impacta en la persona y su entorno.

 

La presencia de distress aumentado se asocia a un gran número de resul-

tados negativos incluyendo la baja adherencia al tratamiento médico, la

 

pobre satisfacción con el cuidado de la salud y la pobre calidad de vida.

Además se hace difícil el diagnóstico de distress a tiempo y su adecuado

 

tratamiento psicológico o farmacológico que podría brindar mejoras im-

portantes en el bienestar del paciente (8).

 

El exceso de distress o su mal manejo puede derivar en trastornos psi-

quiátricos relevantes que interfieren en la calidad de vida del paciente e

 

impactan profundamente el proceso de tratamiento y adaptación a los

nuevos desafíos vitales que impone la vivencia de un cáncer.

Se ha comprobado que la población oncológica es significativamente

más prevalente en Trastornos Depresivos en contraste con la población

 

normal (9), existiendo algunas diferencias relevantes según la edad, el

sexo y tipo de cáncer (10). Se ha descrito que alrededor del 15% a un

 

40% de los pacientes desarrolla ansiedad o depresión clínica (11). Inclu-

so se puede observar que un porcentaje significativo de pacientes tiene

 

trastornos depresivos y trastornos ansiosos luego del diagnóstico y aún

más significancia en el caso de recurrencia de enfermedad (12).

 

 

Los síntomas más comunes de la depresión son el ánimo depresivo, insom-

nio y fatiga afectando seriamente las funciones neurovegetativas. La depre-

sión coexiste generalmente con otros síndromes y síntomas tales como la

 

ansiedad y el dolor y Trastornos de la Personalidad. Estas comorbilidades

pueden complicar el tratamiento y a la vez son factores de riesgo para el

desarrollo de trastornos anímicos previos al diagnóstico de cáncer (10).

Todo lo anterior indica que hay factores de riesgo que pueden alertar

sobre un posible desarrollo de un trastorno depresivo al momento de

 

diagnosticar una enfermedad como el cáncer. Existen estudios que in-

dican que el desarrollo y mantención de trastornos del ánimo, ansiosos

 

o ambos se podrían asociar a la pre existencia de tratamientos psicoló-

 

gicos, la falta de una relación íntima y confidente, encontrarse en la ju-

ventud y experiencias de vida previas muy estresantes no relacionadas al

 

cáncer. Estos factores psicosociales que acentúan el riesgo de depresión

ante el diagnóstico de cáncer se relacionan más con el paciente que a la

enfermedad o el tratamiento (12).

 

Toda esta situación se vuelve más compleja a la hora de sumar trata-

mientos como cirugías y terapias adyuvantes como la quimioterapia y

 

radioterapia que generan sintomatología somática relevante y a su vez

 

potencian la vulnerabilidad emocional de la persona. Por cierto, el enfer-

mar de cáncer nos pone en un terreno complejo y multifactorial a la hora

 

de comprender los fenómenos emocionales y pesquisar su emergencia

en el contexto hospitalario.

Los elevados niveles de depresión, ansiedad y angustia hacen que sea

necesaria la existencia de un servicio dedicado a cubrir estas necesidades

durante el periodo de enfermedad y tratamiento (12). Además existen

elementos importantes que deben ser tomados en cuenta en la evolución

del paciente oncológico: el apoyo social con el que cuentan y el estilo de

afrontamiento que habitualmente han exhibido en la vida ante eventos

importantes. Respecto al apoyo social del paciente se ha visto que es

fundamental como primer elemento de apoyo “la familia del paciente“

seguido por su entorno social más cercano. Por otra parte, se ha visto que

el estilo de afrontamiento activo (búsqueda de información, solicitud de

ayuda profesional y búsqueda de soluciones a los problemas) promueve

una mejor adaptación ante el diagnostico (7). El afrontamiento activo o

 

positivo se ha relacionado positivamente con el ajuste emocional, mien-

tras que la aceptación pasiva (desesperanza, evitación, negación y fata-

lismo) se relacionan negativamente con el ajuste psicológico. Existe la

 

posibilidad de pacientes que no requieran apoyo profesional respecto a

 

la salud mental, sin embargo la detección de pacientes que están en ries-

go psicosocial es importante para planificar los servicios que promuevan

 

el ajuste psicológico de manera eficiente (9).

Se ha argumentado el ajuste psicosocial como una meta estándar impor-

tante dentro de la salud general del paciente oncológico. Incluso se ha

 

visto cómo se promueve dicho ajuste en la medida que la relación entre

el médico y el paciente genere satisfacción, principalmente en el estilo

de comunicación de las noticias durante el proceso de enfermedad. Se

ha visto menor morbilidad psíquica del paciente ante mayor satisfacción

frente a las estrategias comunicacionales del médico, sugiriéndose que

los pacientes pueden reconocer prácticas que facilitan su ajuste (13). Se

enfatiza por lo tanto la necesidad de otorgar información adaptándose

 

a las necesidades del paciente, dando esperanza con empatía, obtenien-

do la retroalimentación del paciente y tranquilizándolo, en fin, el clíni-

co debiera responder apropiadamente a las preferencias del paciente,

 

sus deseos y preocupaciones (13). Según Pérez (2005), proporcionarle

al paciente la información que solicite, que es indicativo de lo que va

necesitando y queriendo saber, permite al a persona ser más responsable

y activo en su propio proceso de salud.

Todo lo anterior sugiere la relevante implementación de orientación para

mejorar los servicios de apoyo para los pacientes oncológicos (12).

Ya las primeras revisiones de la prevalencia de los trastornos psiquiátricos

en los pacientes con cáncer permitió datos útiles para los profesionales

de la salud mental para enseñar a los oncólogos y el staff de oncología

 

sobre los problemas psicológicos en los pacientes con cáncer y la impor-

tancia de contratar profesionales de la salud mental entrenados en la

 

evaluación y tratamiento de personas con cáncer (10).

 

Se considera que los comportamientos y situaciones emocionales inten-

sas pueden entorpecer el desarrollo adecuado del proceso terapéutico.

 

Esto exige del equipo de salud una capacidad y preparación tal, que ga-

rantice la búsqueda de un profesional capaz de asumir el reto de abordar

 

la complejidad del paciente oncológico y sus necesidades, en el mismo

contexto hospitalario (7).

Tanto los hallazgos en la práctica clínica como los diferentes estudios

 

que orientan el trabajo psicooncológico, han ayudado a los profesiona-

les de la salud mental y administradores del hospital a estructurar el

 

staff de trabajo en el encuadre clínico de manera efectiva para tratar los

problemas psicológicos de los pacientes con cáncer (10). El impacto de

las intervenciones psicológicas en oncología en los efectos secundarios

psicosociales, de la enfermedad, de los síntomas y tratamiento ha sido

algo ampliamente estudiado (11) y ha permitido introducir la evaluación

 

psicosocial como parte fundamental de los servicios de oncología, pen-

sando en el mejor bienestar del paciente y su entorno, y previniendo los

 

efectos negativos ya comentados.

NCCN (National Comprehensive Cancer Network) ha descrito dentro de

 

sus recomendaciones, evaluar a todos los pacientes con cáncer regular-

mente considerando el distress psicológico como parte de una rutina del

 

cuidado (8). Se ha logrado ver que las intervenciones psicológicas en el

 

contexto oncológico pueden tener efectos sobre la sintomatología ansio-

sa y colaboran con el desarrollo de distress emocional (11).

 

 

La enfermedad oncológica y sus tratamientos pueden generar restric-

ciones funcionales o discapacidades que pueden derivar en una gran

 

diversidad de problemas psicosociales. Las intervenciones psicológicas se

muestran como beneficiosas para el paciente (9) promoviendo un mejor

ajuste psicosocial, bienestar y calidad de vida, y un equipo de trabajo

enterado y entrenado para cubrir estas necesidades en oncología.

MODELO DE INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL

Las intervenciones psicosociales desarrolladas en pacientes con cáncer

durante los últimos diez años se han mostrado eficaces (14), a pesar

de la gran cantidad de enfoques, estrategias y metodologías utilizadas.

Debido a que los pacientes, como personas únicas e individuales, varían

en cuanto a personalidad, forma de ser, historia, etapa del ciclo vital en

que se encuentran, debido a los diferentes tipos de cáncer, estadio de

evolución del mismo, distintos tipos de tratamiento, con sus respectivos

distintos y variados efectos secundarios, distinta duración, frecuencia y

muchas otras variables a considerar, es que se hace imposible un patrón

estándar de intervención psicosocial en oncología.

 

Se ha observado, lo que es transversal a todo tipo de tratamiento e in-

tervención en oncología, la importancia del apoyo emocional (desde el

 

equipo multidisciplinario) lo que tiene que ver con crear un ambiente de

contención, amor, empatía, acogimiento, de manera que el paciente que

sufre de cáncer y su familia transite por este proceso de la manera más

 

tranquila y acogedora posible. Significa también darle un sentido de per-

tenencia, que sienta que lo escuchan, que sienta que el equipo de salud

 

que lo atiende, entiende y acoge sus preocupaciones, sus molestias, sus

miedos, temores y estados de angustia, ansiedad e incertidumbre en el

presente y frente al futuro.

1.Principios de la Unidad de Psicooncología:

a) La individualidad y forma de ser única de cada paciente, su integridad

y dignidad debe ser respetada y validada.

 

b) Mirar y hacer referencia a cada paciente como un todo donde se pro-

teja la salud, se cuide la enfermedad y se promuevan ambientes que

 

favorezcan la vida saludable con un ambiente que goce de armonía en el

ámbito físico, social, emocional y espiritual.

c) Nuestro objetivo final debe ser siempre el logro del bienestar físico y

emocional del paciente, su familia y entorno más cercano.

d) Cada paciente y sus familiares deben ser informados de la existencia

de una Unidad de Apoyo psicosocial en el Servicio de Oncología.

e) La Unidad de Psicooncología debe estar compuesta por psiquiatras,

psicólogos e idealmente un asistente social.

 

f) Cada miembro del equipo de salud debe tener, y así debe ser evalua-

do al momento de un proceso de selección del personal adecuado, las

 

competencias acorde a su profesión y una mirada multidisciplinaria para

tratar e intervenir con un enfermo de cáncer.

g) Los miembros de la Unidad de Psicooncología deben tener formación

en oncología y supervisión continua por parte del equipo.

 

h) Los miembros de la Unidad de Psicooncología deben tener capacita-

ción continua.

i) La Unidad debe promover e incentivar el derecho del paciente a ser y

 

mantenerse informado de su enfermedad y la evolución de esta, facilitan-

do la comunicación con el equipo de salud.

 

j) Cada miembro de la Unidad de Psicooncología debe mantener la

confidencialidad de todos los pacientes de la institución hospitalaria a

la cual pertenece.

k) Los aspectos psicosociales deben ser evaluados por los miembros de

la Unidad de Psicooncología y deben ser registrados en la ficha clínica

de cada paciente.

l) Los miembros de la Unidad de Psicooncología deben participar activa-

mente en los comités oncológicos, informando de los aspectos emocio-

nales que pudieran influir en el tratamiento y tolerancia a éste, de cada

 

paciente.

m) No olvidar nunca que estamos frente a personas con miedo, muy

asustadas, nerviosas, irritables e irascibles ante la percepción de pérdida

de salud, pérdida de control y pérdida de la vida.

2. Esquema de derivación y evaluación psicosocial

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Clínica Calidad de Vida Oncológica
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